Me pierdo en lo sutil y viajo con el viento.
Mi existencia tiene el mismo significado que una molécula de aire perdida en la inmensidad.
Mi cuerpo es infinito y a la vez minúsculo.
Estoy dentro y fuera del Universo al mismo tiempo.
No quiero absolutamente nada y quiero abarcarlo absolutamente todo.
Quiero gritar y quiero callarme para siempre.
Quiero pensar y a la vez desconectar mi cabeza.
Quiero y odio a la vez.
Pero respiro tranquilo, sosegado, en paz.
Sigo viendo el camino.
No lo he perdido de vista.
Solo dejo lastre atrás.
Simplificandome hasta la insignificancia.
Cuanto más saco de mi más grande me vuelvo.
Pronto alcanzaré las estrellas.
Ya están más cerca.
lunes, 5 de septiembre de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
Nunca dejar de ilusionarse
Es algo que he pensado un millar de veces y que de vez en cuando vuelve a mi cabeza. Caminas por la vida encontrándote con centenares de personas nuevas. Cada persona es un mundo y cada vida es el conjunto de una miríada de pequeños hilos que se entrelazan formando el gran tapiz que somos cada uno de nosotros. Cuando te vas haciendo mayor, cuando la vida te va mostrando hasta que punto puede ponerte a prueba y todo lo que puede regalarte adquieres una visión más amplia de todos los tapices que encuentras a tu paso. Enseguida comprendes la actitud que cada uno presenta ante la vida y puedes distinguir entre quien acoge la vida con los brazos abiertos y quien no está dispuesto a sorprenderse por nada ni a poner su alma en vivir.
Cuando llega el final de una vida te paras a pensar en lo que fuiste y en lo que te has convertido. Y no me refiero al final de toda la vida sino a esos años en los que empiezas a hacer balance de lo vivido y sopesas cuanto has perdido y cuanto ganado. Seria triste llegar al final y darte cuenta de que no queda nada de aquel joven que era capaz de soñar con los ojos abiertos, de emocionarse con un abrazo de sus amigos, de sentir como una melodía mágica recorría su cuerpo, de poner toda su alma y su corazón en lograr el sueño que desde pequeño le llenaba a pesar de que todo el mundo le dijera que era inútil que no debía esforzarse.
No quiero llegar a viejo y sentarme en una silla, impasible, incapaz de emocionarme por nada. No quiero que la vida me supere, por mucho que se me haga cuesta arriba, por mucho que haya que luchar, me esforzaré por no desilusionarme nunca. Me esforzaré por vivir cada día de mi vida como si fuera único y nuevo no importa todo lo que ya haya vivido y lo que haya sentido hasta el momento. Cuando muera lo haré aprendiendo y si tengo que elegir un legado que dejar a los que se quedan en este mundo cuando yo haya trascendido quiero que mi legado sea la ilusión por vivir. Prefiero morir pobre y feliz a acabar mis días rico y amargado. Moriré sabiendo que aún pueden rodar por mis mejillas lágrimas de emoción, que aún hay cosas que hacen que mi corazón lata más rápido. Moriré sabiendo que he puesto mi alma entera en todo lo que hago e intento, en cada trabajo, cada experiencia, cada amor. Puede que esto acabe siendo agotador y que me lleve a más dolor que si me resignara a simplemente pasar por la vida sin buscar complicaciones, pero no podría vivir de ninguna otra manera.
Cuando sea mayor volveré a escuchar música y no me quedaré sentado en una silla. Utilizaré hasta la última de mis fuerzas para ponerme en pie y seguir saltando. Si pierdo la ilusión mi vida terminará mucho antes de que muera.
jueves, 28 de julio de 2011
...at the Iron Hill
Desolación, muerte, terror y caos. Todo esto trajo el Señor Oscuro a Arda. Beleriand ardía en llamas y los noldor yacían muertos en el campo de batalla. La Llama Súbita se los había llevado.

Era hora de que el más grande rey de los noldor tomara parte en la contienda. Más valeroso que ninguno de los primeros nacidos, más resplandeciente que un Valar y desatando la furia de mil tormentas, Fingolfin, hijo de Finwë, Alto Rey de los noldor, cabalgaba con furia hacia las mismísimas puertas de Angband.
El sonido de su cuerno atemorizó a todas las oscuras criaturas de Melkor y con furia el Señor de los noldor golpeó las puertas de la fortaleza oscura. Le habló directamente a él, al enemigo oscuro. Señor de esclavos, le dijo, enfréntate a mí, cobarde!
Y Morgoth, el mal en persona, acudió a su llamada. Blandía su martillo Grond con furia, y su orgullo no tenía límite. Pero sus ojos revelaban que por primera vez él, el más poderoso de entre los Ainur, tenía miedo. Miedo de que un ser tan pequeño como aquel noldor pudiera resplandecer como la mismisima luz de los Árboles. Morgoth temía a Fingolfin pero el Señor de los noldor no temía mirar a los ojos del Señor Oscuro.
martes, 12 de julio de 2011
Al fin la paz (Ortigueira 2011)
No existen palabras para describir como me sentí en el momento en que me encontré solo, sentado en mi habitación y mi mirada se clavó en ninguna parte. Dentro de mí algo se encontraba inquieto y esa sensación se mantiene todavía, espero no perderla nunca. Me paré a pensar que podía ser aquello tan fuerte que golpeaba mi pecho desde dentro, que me llamaba a gritos y me hacía sentir como si de mi espalda fueran a brotar un par de alas que me permitirían alcanzar las nubes.
Es increíble como cinco días pudieron suponer un cambio tan trascendental en mi vida y aun más increíble es como estoy notando ese cambio. Pero si me paro a pensarlo tiene sentido que esta experiencia me haya cambiado tan profundamente.
Aún ahora puedo cerrar los ojos y ver esos atardeceres mágicos, notar como la luna y las luces se reflejan sobre las oscuras aguas del mar mientras sostengo una mano amiga que me recuerda que nunca estoy solo. Viajo con cuaro almas afines por los parajes más místicos de la tierra de la que vivo enamorado maravillándome con el fulgor del verde de los pinos o con el aroma que el agua salada deja en mi nariz. El tacto de la arena nunca me había parecido más suave y las nubes grises del cielo jamás me habían sonreído con tanta complicidad. La música nunca me había parecido más perfecta y nunca antes me había sentido más orgulloso de mis orígenes. Jamás tantas lágrimas de felicidad habían rodado por mis mejillas y jamás en la soledad me había sentido tan querido y acompañado.Fluyo por la vida como si nada tuviera la importancia suficiente como para despertarme de este ensueño que he vivido. Pero llegar a casa siempre es volver a la realidad, a la vida diaria y reemprender el camino de vivir. Un camino que sigue siendo el mismo de siempre, con las mismas alegrías y problemas Pero ahora el diferente soy yo. En cuanto me miré al espejo, con esa sensación de euforia que agita mi alma, me di cuenta de lo que había cambiado en mí. Ahora soy más sabio, más libre, más simple y a la vez más complejo. Mi reflejo me sonrió desde el espejo con simpatía. Estaba en paz conmigo mismo.
Encontré al fin lo que durante casi toda mi vida busqué sin cesar. Ahora puedo decir que encontré la perfecta combinación de belleza, libertad y paz. Creo que me he topado de frente con la Vida y le he sonreído con autentica felicidad.
lunes, 4 de julio de 2011
[...]
Mientras el humo se disipa lentamente a mi alrrededor, envolviendome en una fina nube, entorno los ojos para verle mejor. Sus labios se mueven y sus ojos se comunican con los mios. Escucho lo que dice y atiendo a lo que me está contando pero no son las palabras o los gestos los que me hablan.
Mientras habla de si mismo y mientras trata de comprenderme a mí puedo ver como una luz fuerte e intensa me llama desde su interior.
En ese momento entendí que no solo estamos hablando nosotros. Nuestras almas también lo hacen.
viernes, 17 de junio de 2011
From Chaos to Eternity
Corría el año 1997 cuando dos italianos nacidos en Trieste, Luca Turilli y Alex Staropoli, decidieron que en sus mentes había demasiados mundos y fantasías maravillosas como para que permanecieran allí encerradas. Tenían que contarle al mundo todo lo que eran capaces de ver y traer a este plano de la existencia las historias que ellos conocían.

Así nació un proyecto musical que terminó por convertirse en Rhapsody (of Fire), un grupo dedicado enteramente a transmitir imágenes y vivencias de otros mundos diferentes a este. Esa fantasía épica que no tiene nada de fantástica ha hecho volar a miles de personas, soñadores como ellos que ansiaban vivir cosas que trascendieran este mundo que muchas veces nos parece vacío, triste o patético. Con su primer disco, Legendary Tales, Rhapsody presentaba las Tierras Encantadas y el surgimiento de una sombra que amenazaba la ciudad de Algalord. Comenzaba la Saga de la Espada Esmeralda
A lo largo de cinco discos cargados de epicidad y una música que hacía que te sintieras cargando furioso contra todos los demonios del Averno nos fueron conduciendo a través de las hazañas del Guerrero de Hielo, de Arwald, de Aresius y de Airin.

Unos años más tarde dio comienzo la Saga del Secreto Oscuro, donde Dargor, el príncipe de los demonios convertido a la Luz, se convertía en protagonista de una aventura que tenía como fin impedir el regreso de Nekron, el oscuro señor del Caos. Nuevamente cinco fueron los disco que narraban las hazañas de los nuevos héroes de las Tierras Encantadas, con un estilo más sinfónico que nunca e introduciendo elementos operísticos y teatrales.
Con "From Chaos to Eternity" se cierra esta saga que pone fin a su vez a los relatos acerca de las Tierras Encantadas. Con cierta nostalgia me despido de aquellos héroes con los que he ido creciendo desde que conocí a este grupo que en más de una ocasión logró rescatarme de las tinieblas y demostrarme que merece la pena seguir luchando, que en la más profunda oscuridad siempre brilla una luz.
Gracias Rhapsody, por todos estos años de sueños, gloria, honor y por lograr que me evadiera del mundo cuando todo se volvía gris.
Termino con una frase de Luca Turilli pronunciada durante una entrevista:
"It`s not fantasy, is paralel dimension"
Disfrutad de "Tornado", una de las canciones más power y sinfónicas del disco
domingo, 12 de junio de 2011
Decisión
Sentía el frio del acero en la palma de la mano. Con una mano sostenía la empuñadura con firmeza mientras que la derecha pasaba suavemente la piedra de amolar por el filo de la hoja, acariciando en cada pasada el canto de la espada con suavidad. Con delicadeza cuidaba de que la espada quedara bien afilada procurando limpiar con un paño las marcas producidas por el uso. Aunque la espada llevaba años junto a él seguía reluciente como el día en que fue forjada y seguía reflejando de forma casi mística la luz de la luna. En ese momento el acero refulgía en tonos naranja y negro como si el fuego de la hoguera estuviera también dentro de la espada. Repetía la operación una y otra vez con calma, sin ninguna prisa. Hoy nadie le esperaba.
Era una noche fría y ni siquiera la fogata que había improvisado lograba calentarle. El viento soplaba suave pero una fina capa de nieve cubría todo a su alrededor. Sin embargo ni un solo milímetro de su cuerpo parecía temblar. Totalmente indiferente al frio miraba fijamente como las chispas anaranjadas bailaban en la hoja de la espada. Nadie le esperaba. Podía pasarse una eternidad en aquel lugar, alejado de todo, donde nadie lo encontraría nunca, donde nadie perturbaría su paz. Podía desaparecer y descansar al fin, dejar atrás todo, las luchas, el amor, los sueños, los fracasos, la desesperación, la gloria y las derrotas. Nunca más tendría que preocuparse por los ojos del mundo, clavados constantemente en él, esperando que hiciera esto o lo otro. Podía simplemente quedarse allí, sobre aquella roca, esperando el fin. El fin había estado cerca tantas veces que ya no lo temía. Unas veces el camino le había llevado a las fauces de la muerte y en otras ocasiones él mismo había buscado su propia ruina. Ahora ya daba igual. El fin llegaría y él estaría esperándolo.
Pensó por un momento en todo aquello de lo que quería alejarse. Había fracasado mil y una veces, había sido derrotado otras tantas y las victorias siempre habían llegado acompañadas de amargas experiencias. Nunca le había sido concedido un verdadero triunfo, nunca una verdadera paz. Se esperaba mucho de él y era muy poco lo que había logrado alcanzar. Por eso pensaba en quedarse, en no regresar. Nadie le esperaba. Durante un tiempo la gente podría preguntarse que había sido de él pero al poco lo olvidarían y pasaría a ser solo un recuerdo borroso en la mente de algunos de aquellos que le conocieron.
La hoguera había quedado reducida a unas brasas. El alba despuntaba cuando todavía estos pensamientos recorrían su agotada mente. Los primeros rayos de sol parecían preguntarle solemnes cual era su decisión. Quedarse allí y vivir en paz, solo, tranquilo y olvidado, sin honor, gloria o compañía pero también sin sufrimiento, derrotas y frustraciones. ¿O acaso tomaría de nuevo la espada, alzaría la cabeza y emprendería de nuevo el camino, haciendo frente por enésima vez a sus miedos, a sus enemigos y a sus propios límites y recorrería la senda que había comenzado tantos años atrás? Ambas posibilidades dieron vueltas en su cabeza y el miedo se apoderó de él. Fracasaría de nuevo, volvería a caer y el mundo volvería a echársele encima. Otros le arrebatarían lo que más quería como ya había ocurrido antes y aquellos en los que confiaba volverían a traicionarle. Lo mejor, lo más seguro habría sido quedarse en aquel lugar, dar la espalda a todo y dejar fuera todo lo demás. Era el camino más sencillo.
Fue entonces cuando tomó la decisión y tenía muy claro lo que debía hacer Se puso en pie y aseguró la vaina de la espada en su cinto. Envainó la hoja y recogió sus cosas. Tras asegurar la capa de viaje sobre sus hombros con un broche se puso ante el camino que le había traído hasta aquel lugar y que continuaba hasta perderse en el lejano horizonte. Era el momento de decidir. Era el momento de quedarse o partir. Celtar dio un paso adelante poniendo un pie en el camino.
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